En mi
corta experiencia como psicólogo he tenido la oportunidad de interactuar con
padres de familia y adolescentes que todavía ven como un tabú hablar sobre
sexualidad, lo cual me ha llevado a concluir, cuando se les pregunta sobre qué
entienden por sexualidad, que en la mayoría de los casos las personas asocian dicho
concepto con la actividad sexual o los órganos genitales, ideas que están
teñidas por los enfoques tradicionales de la sexualidad. En cuanto a ello,
Agustin (2009) menciona:
“Cuando preguntamos a los adolescentes qué les sugiere el término
“sexualidad”, casi siempre aluden al coito u otras prácticas eróticas
(penetración, felación, cunilingus , masturbación), a los genitales (pene,
vagina y sus numerosos nombres) y a la reproducción/procreación
(anticonceptivos, embarazo, menstruación, etc.). Pocas veces aparecen
sentimientos (placer, cariño, vergüenza, etc.) o se hace mención a los aspectos
sociales de las relaciones eróticas o románticas (orientación del deseo, tipos
de relaciones, normas, etc.) ni mucho menos a los sexos como tales (p. 16)”.
Este autor
considera que, de manera implícita, el mensaje que se nos transmite desde el
nacimiento es que respecto al erotismo sólo es válido (o “natural”), aquello
que tiene un componente reproductivo. Se reprime por tanto la homosexualidad,
pero también la masturbación, las relaciones eróticas en la tercera edad, o cualquier
tipo de relación no coital. De hecho, los grupos más tradicionalistas reprimen
también el uso de anticonceptivos en esa búsqueda de la “sexualidad” como
elemento básicamente reproductivo.
Cuando hablamos
sobre sexualidad humana, el concepto no se circunscribe solamente a la
actividad sexual o a los órganos genitales. Al respecto, la Organización
Mundial de la Salud (OMS), define la sexualidad humana como: “Un aspecto
central del ser humano, presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades
y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción
y la orientación sexual. Se vivencia y se expresa a través de pensamientos,
fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles
y relaciones interpersonales”.
Querer
reducir la sexualidad solo a uno de estos conceptos es no entender nada sobre
ella. Por tal razón, los nuevos enfoques de sexualidad que se presentan en la
lectura, buscan tener un acercamiento más amplio y no reduccionista sobre lo
que simboliza la sexualidad humana en cada una de sus variantes. Es así que, en
mi opinión, resulta relevante incentivar a las personas a la reflexión, a
desarrollar el pensamiento crítico basado en un análisis reflexivo y
fundamentado en investigaciones que ayuden a tener una perspectiva más clara
sobre problema y no una visión sesgada sobre ella. Rathus (2005) señala que
existen principios básicos basados en el pensamiento crítico que ayudarían a
través de la evidencia a conocer si los argumentos que se tienen sobre la
sexualidad humana son válidos y lógicos, los cuales son: “El asumir una postura
escéptica ante lo desconocido”, “analizar las definiciones de los términos”,
“analizar los argumentos a favor o en contra sobre sucesos o situaciones controversiales”,
“ser cauto en la deducción de conclusiones a partir de las evidencias”,
“considerar interpretaciones alternativas de las evidencias de la
investigación”, “evitar simplificar en exceso o generalizar”.
Ahora, en
términos teóricos resulta una tarea sencilla a llevar a cabo, si es que nos
centramos en los principios básicos del pensamiento crítico, pero en la
práctica sabemos que muchas personas tienden a pensar o actuar de una
determinada manera más que por datos científicos, por una influencia del
entorno, específicamente de los medios masivos de comunicación y del
etnocentrismo. Brown (2012, citado por Shibley, 2006) considera que existen
tres tipos de influencia de los medios masivos de comunicación:
- La primera, llamada cultivación, se refiere al concepto de que las personas comienzan a pensar aquello que ven en la televisión y otros medios masivos realmente representa la norma convencional de lo que sucede en la cultura preponderante.
- La segunda influencia es el establecimiento de la agenda. Los reporteros de noticias seleccionan qué informarán y que ignorarán y, dentro de las historias que reportan, qué deben enfatizar. Por ejemplo: en 1998, se destacó los devaneos sexuales del presidente Bill Clinton, sugiriendo que tales cuestiones eran importantes.
- La tercera influencia es el aprendizaje social. El argumento en este caso es que los personas en la televisión, películas o novelas románticas pueden servir como modelos a quienes imitar, quizás sin siquiera percatarse de ello. Por ejemplo, las investigaciones han encontrado que los adolescentes que ven más televisión con contenidos sexuales tienen antes su primera relación sexual que otros adolescentes.
Por otra
parte, se plantea también que el etnocentrismo tiende a influir en nuestra
comprensión sobre la conducta sexual. Lo que quieres decir que nuestras
experiencias con la sexualidad en una cultura, nos lleva a considerar nuestra
conducta sexual como el único patrón existente y seguramente como el único
patrón “natural”. Al respecto, los antropólogos han descubierto que existe una
amplia variación en comportamientos y actitudes sexuales de una cultura a otra,
considerar estas variaciones debería ayudarnos a poner en perspectiva nuestra
propia conducta sexual (Shibley, 2006).
Pasando a otro punto, me parece relevante analizar la
psicología de la educación sexual y como ha predominado hasta la actualidad el
Enfoque Judeo-cristiano y médico-patologizante. Para ello no es necesario ir
tan lejos, solo es cuestión de observar nuestra realidad y darnos cuenta como
las creencias, los estereotipos de muchas personas todavía están presentes
respecto a este tema. Un ejemplo claro, es la campaña que se está realizando en
contra del Currículo Nacional de Educación Básica, que lleva el nombre de “Con
mi hijo no te metas”, donde se distorsiona el verdadero fin de la educación
sexual, utilizando términos como “Ideología de género”, por cierto inexistente,
que esencialmente se fundamentan en creencias religiosas. Al respecto, el
Ministerio de Educación refirió que desde el año
2004, incluye el enfoque de igualdad de género, el cual reconoce el mismo valor
en hombres y mujeres, y busca que, más allá de las diferencias biológicas,
ambos tengan acceso a los mismos derechos, deberes y oportunidades.
Por otro lado, cuando se habla de
educación sexual asociada al enfoque de género se hace referencia a aquella
formación que se brinda para que haya una mayor toma de consciencia sobre la
influencia que tiene la cultura en las manifestaciones de la sexualidad, así
como en los roles que se han asignado socialmente a cada uno de los géneros con
respecto a la forma de comportarse con los demás, siendo así fundamental
abordar temas como las relaciones de poder y desigualdades entre géneros, mitos
sobre la sexualidad, relaciones afectivas y el respeto por la diversidad (Ambrosy,
2012)
Ahora, la educación para la sexualidad
con enfoque de género también vira su atención hacia el respeto de la
diversidad en la identidad, expresión o preferencia sexual, evitando así el
rechazo, la discriminación y la desigualdad, que frecuentemente se genera por
la poca tolerancia hacia las personas que expresan su identidad o preferencia
sexual. La finalidad es prevenir cualquier situación de violencia explícita o
implícita que se da a causa de la intolerancia o rechazo social de parte de un
sector de la población que sitúan la homosexualidad en un plano distinto a la
heterosexualidad, percibiéndose como una característica patológica o digna de
“compasión” por estar padeciendo una posible “enfermedad”.
Una posible solución para dichas
discrepancias sería la que Ambrosy (2012) menciona, de conciliar las creencias
religiosas con la información científica, priorizando los objetivos de
coadyuvar a la realización del proyecto de vida de la persona, sin irrumpir en
los valores culturales, destacando siempre el respeto de los derechos y la dignidad
de sí mismo y de las demás personas y el uso de la libertad responsable en las
relaciones interpersonales.
En conclusión, se ve necesario hacer
énfasis en la educación sexual con enfoque de género y diversidad sexual,
fomentando un análisis crítico de la realidad desde el propio núcleo familiar
donde se desarrollan los principales valores y actitudes que en adelante
reproducen los niños y adolescentes en la escuela, siendo estos determinantes
para una sana, armónica convivencia escolar entre los miembros que pertenecen a
la comunidad educativa, independientemente de las diferencias que existan entre
ellos, sea su orientación sexual, sus gustos, su forma de ser, etc.
Por último, es importante resaltar que
uno de los pilares de la sexualidad es el vínculo afectivo, sustentado en la
empatía, que gracias a ella es que se dan los lazos adecuados entre personas y
permite desarrollar la sensibilidad, la tolerancia para aprender a convivir con
las diferencias de los demás. Ortega y Gasset
(1963) plantea que el amor es más centrífugo que centrípeto, es decir, más para
afuera que para adentro, y coincido con él. Cómo uno puede medir si su amor es
saludable, si no ve al otro lado del camino, a veces pienso que las personas
que nos rodean son nuestros espejos, nos ayudan a moderarnos y a saber hasta
cierto punto que tan bien estamos, que tan bien nos estamos queriendo, que tan
bien estamos queriendo. Fomentar una cultura de paz y amor, termina siendo más
importante que sembrar el odio y acrecentar las diferencias.
Bibliografía
- Agustin, S. (2009). Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico. Recuperado
el 9 de febrero de 2017 de
- Ambrosy, I. (2012). Educación para la
sexualidad con enfoque de género. Coordinación
Educativa y Cultural Centroamericana, 56 (1). Recuperado el 10 de febrero
de 2017 de
- Ortega y Gasset, J. (1963). Sobre el amor. Antología. Madrid: Plenitud,
- Rathus, S., Nevid,l. & Fichner-Rathus, L.
(2005). Sexualidad Humana (6ta ed.).
Madrid: Pearson Educación.
- Shibley, J. & DeLamater, J. (2006). Sexualidad Humana (9na ed.). México,
D.F.: McGRAW-Hill.
