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lunes, 23 de octubre de 2017

Enfoque emergentes en sexualidad y su influencia en psicología


En mi corta experiencia como psicólogo he tenido la oportunidad de interactuar con padres de familia y adolescentes que todavía ven como un tabú hablar sobre sexualidad, lo cual me ha llevado a concluir, cuando se les pregunta sobre qué entienden por sexualidad, que en la mayoría de los casos las personas asocian dicho concepto con la actividad sexual o los órganos genitales, ideas que están teñidas por los enfoques tradicionales de la sexualidad. En cuanto a ello, Agustin (2009) menciona:

“Cuando preguntamos a los adolescentes qué les sugiere el término “sexualidad”, casi siempre aluden al coito u otras prácticas eróticas (penetración, felación, cunilingus , masturbación), a los genitales (pene, vagina y sus numerosos nombres) y a la reproducción/procreación (anticonceptivos, embarazo, menstruación, etc.). Pocas veces aparecen sentimientos (placer, cariño, vergüenza, etc.) o se hace mención a los aspectos sociales de las relaciones eróticas o románticas (orientación del deseo, tipos de relaciones, normas, etc.) ni mucho menos a los sexos como tales (p. 16)”.

Este autor considera que, de manera implícita, el mensaje que se nos transmite desde el nacimiento es que respecto al erotismo sólo es válido (o “natural”), aquello que tiene un componente reproductivo. Se reprime por tanto la homosexualidad, pero también la masturbación, las relaciones eróticas en la tercera edad, o cualquier tipo de relación no coital. De hecho, los grupos más tradicionalistas reprimen también el uso de anticonceptivos en esa búsqueda de la “sexualidad” como elemento básicamente reproductivo.

Cuando hablamos sobre sexualidad humana, el concepto no se circunscribe solamente a la actividad sexual o a los órganos genitales. Al respecto, la Organización Mundial de la Salud (OMS), define la sexualidad humana como: “Un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vivencia y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales”.

Querer reducir la sexualidad solo a uno de estos conceptos es no entender nada sobre ella. Por tal razón, los nuevos enfoques de sexualidad que se presentan en la lectura, buscan tener un acercamiento más amplio y no reduccionista sobre lo que simboliza la sexualidad humana en cada una de sus variantes. Es así que, en mi opinión, resulta relevante incentivar a las personas a la reflexión, a desarrollar el pensamiento crítico basado en un análisis reflexivo y fundamentado en investigaciones que ayuden a tener una perspectiva más clara sobre problema y no una visión sesgada sobre ella. Rathus (2005) señala que existen principios básicos basados en el pensamiento crítico que ayudarían a través de la evidencia a conocer si los argumentos que se tienen sobre la sexualidad humana son válidos y lógicos, los cuales son: “El asumir una postura escéptica ante lo desconocido”, “analizar las definiciones de los términos”, “analizar los argumentos a favor o en contra sobre sucesos o situaciones controversiales”, “ser cauto en la deducción de conclusiones a partir de las evidencias”, “considerar interpretaciones alternativas de las evidencias de la investigación”, “evitar simplificar en exceso o generalizar”.

Ahora, en términos teóricos resulta una tarea sencilla a llevar a cabo, si es que nos centramos en los principios básicos del pensamiento crítico, pero en la práctica sabemos que muchas personas tienden a pensar o actuar de una determinada manera más que por datos científicos, por una influencia del entorno, específicamente de los medios masivos de comunicación y del etnocentrismo. Brown (2012, citado por Shibley, 2006) considera que existen tres tipos de influencia de los medios masivos de comunicación:

  1. La primera, llamada cultivación, se refiere al concepto de que las personas comienzan a pensar aquello que ven en la televisión y otros medios masivos realmente representa la norma convencional de lo que sucede en la cultura preponderante.
  1. La segunda influencia es el establecimiento de la agenda. Los reporteros de noticias seleccionan qué informarán y que ignorarán y, dentro de las historias que reportan, qué deben enfatizar. Por ejemplo: en 1998, se destacó los devaneos sexuales del presidente Bill Clinton, sugiriendo que tales cuestiones eran importantes.
  1. La tercera influencia es el aprendizaje social. El argumento en este caso es que los personas en la televisión, películas o novelas románticas pueden servir como modelos a quienes imitar, quizás sin siquiera percatarse de ello. Por ejemplo, las investigaciones han encontrado que los adolescentes que ven más televisión con contenidos sexuales tienen antes su primera relación sexual que otros adolescentes.


Por otra parte, se plantea también que el etnocentrismo tiende a influir en nuestra comprensión sobre la conducta sexual. Lo que quieres decir que nuestras experiencias con la sexualidad en una cultura, nos lleva a considerar nuestra conducta sexual como el único patrón existente y seguramente como el único patrón “natural”. Al respecto, los antropólogos han descubierto que existe una amplia variación en comportamientos y actitudes sexuales de una cultura a otra, considerar estas variaciones debería ayudarnos a poner en perspectiva nuestra propia conducta sexual (Shibley, 2006).

Pasando a otro punto, me parece relevante analizar la psicología de la educación sexual y como ha predominado hasta la actualidad el Enfoque Judeo-cristiano y médico-patologizante. Para ello no es necesario ir tan lejos, solo es cuestión de observar nuestra realidad y darnos cuenta como las creencias, los estereotipos de muchas personas todavía están presentes respecto a este tema. Un ejemplo claro, es la campaña que se está realizando en contra del Currículo Nacional de Educación Básica, que lleva el nombre de “Con mi hijo no te metas”, donde se distorsiona el verdadero fin de la educación sexual, utilizando términos como “Ideología de género”, por cierto inexistente, que esencialmente se fundamentan en creencias religiosas. Al respecto, el Ministerio de Educación refirió que desde el año 2004, incluye el enfoque de igualdad de género, el cual reconoce el mismo valor en hombres y mujeres, y busca que, más allá de las diferencias biológicas, ambos tengan acceso a los mismos derechos, deberes y oportunidades.

Por otro lado, cuando se habla de educación sexual asociada al enfoque de género se hace referencia a aquella formación que se brinda para que haya una mayor toma de consciencia sobre la influencia que tiene la cultura en las manifestaciones de la sexualidad, así como en los roles que se han asignado socialmente a cada uno de los géneros con respecto a la forma de comportarse con los demás, siendo así fundamental abordar temas como las relaciones de poder y desigualdades entre géneros, mitos sobre la sexualidad, relaciones afectivas y el respeto por la diversidad (Ambrosy, 2012)

Ahora, la educación para la sexualidad con enfoque de género también vira su atención hacia el respeto de la diversidad en la identidad, expresión o preferencia sexual, evitando así el rechazo, la discriminación y la desigualdad, que frecuentemente se genera por la poca tolerancia hacia las personas que expresan su identidad o preferencia sexual. La finalidad es prevenir cualquier situación de violencia explícita o implícita que se da a causa de la intolerancia o rechazo social de parte de un sector de la población que sitúan la homosexualidad en un plano distinto a la heterosexualidad, percibiéndose como una característica patológica o digna de “compasión” por estar padeciendo una posible “enfermedad”.

Una posible solución para dichas discrepancias sería la que Ambrosy (2012) menciona, de conciliar las creencias religiosas con la información científica, priorizando los objetivos de coadyuvar a la realización del proyecto de vida de la persona, sin irrumpir en los valores culturales, destacando siempre el respeto de los derechos y la dignidad de sí mismo y de las demás personas y el uso de la libertad responsable en las relaciones interpersonales.

En conclusión, se ve necesario hacer énfasis en la educación sexual con enfoque de género y diversidad sexual, fomentando un análisis crítico de la realidad desde el propio núcleo familiar donde se desarrollan los principales valores y actitudes que en adelante reproducen los niños y adolescentes en la escuela, siendo estos determinantes para una sana, armónica convivencia escolar entre los miembros que pertenecen a la comunidad educativa, independientemente de las diferencias que existan entre ellos, sea su orientación sexual, sus gustos, su forma de ser, etc.

Por último, es importante resaltar que uno de los pilares de la sexualidad es el vínculo afectivo, sustentado en la empatía, que gracias a ella es que se dan los lazos adecuados entre personas y permite desarrollar la sensibilidad, la tolerancia para aprender a convivir con las diferencias de los demás. Ortega y Gasset (1963) plantea que el amor es más centrífugo que centrípeto, es decir, más para afuera que para adentro, y coincido con él. Cómo uno puede medir si su amor es saludable, si no ve al otro lado del camino, a veces pienso que las personas que nos rodean son nuestros espejos, nos ayudan a moderarnos y a saber hasta cierto punto que tan bien estamos, que tan bien nos estamos queriendo, que tan bien estamos queriendo. Fomentar una cultura de paz y amor, termina siendo más importante que sembrar el odio y acrecentar las diferencias.

Bibliografía
-     Agustin, S. (2009). Diversidad sexual en las aulas. Evitar el bullying o acoso homofóbico. Recuperado el 9 de febrero de 2017 de
-   Ambrosy, I. (2012). Educación para la sexualidad con enfoque de género. Coordinación Educativa y Cultural Centroamericana, 56 (1). Recuperado el 10 de febrero de 2017 de
-       Ortega y Gasset, J. (1963). Sobre el amor. Antología. Madrid: Plenitud,
-    Rathus, S., Nevid,l. & Fichner-Rathus, L. (2005). Sexualidad Humana (6ta ed.). Madrid: Pearson Educación.

-      Shibley, J. & DeLamater, J. (2006). Sexualidad Humana (9na ed.). México, D.F.: McGRAW-Hill.

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